La mayoría de las grandes exposiciones de arte contemporáneo son una tomadura de pelo, sostiene el gestor cultural y artista catalán, de paso por Buenos Aires, donde por primera vez expone sus dibujos.
….” Creo que los artistas confunden las artes de la cultura con un sistema de autopromoción. Claro que me parece bien que la gente se gane el sueldo. Pero el que quiera hacer dinero, mejor que se dedique a poner una tienda en un barrio joven. Porque hay que ver que, mientras Picasso y todos los otros genios pasaron hambre y fueron incomprendidos en su momento, ahora, cualquiera que se haga algo el medio “raro”, es un tipo “original”, “increíble”, y todo es “maravilloso”, ¡y a triunfar, cariño! Los artistas quieren ser famosos. Pero si una obra de arte no dice nada a la gente, ¿de qué estamos hablando?. Por ejemplo, los directores de arte, los actores de teatro, se nota que se esfuerzan por comunicarse con el público, por medio del lenguaje, con los gestos. Hay que poder conectar con el público, y en el arte contemporáneo al artista no le interesa conectar, sólo le interesa que le paguen bien. ¡Aún los músicos de rock se esfuerzan por llegar a la gente! ¿Y cómo puede ser que haya tanta gente en los recitales, y que los museos estén vacíos…? Algo pasa, ¿eh? Y la culpa no es del ciudadano ni de la gente, sino de los propios artistas. Por otra parte están también los directores de museos y galerías, que se han dejado llevar por la última novedad, por lo “extraño” y lo “exótico”. Pues se han equivocado. El arte contemporáneo es actualmente un sistema cerrado y de elitismo, que tiene por objetivo la solución económica, y estar instalado en un mercado de valores artísticos. También es un refugio para los momentos en que la economía no va, que es cuando ocurre que se compra arte como inversión. Todo esto me parece bien que exista; pero esto no es el arte.”
Extracto del reportaje a Tony Puig, en la Revista Ñ del sábado 29 de noviembre del 2008